04 diciembre 2020

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El vecino manitas: (Las cosas de Goyo Gonzalez)

El vecino manitas: (Las cosas de Goyo Gonzalez)

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Hoy os hablaré del vecino manitas porque además, precisamente, hoy lo he sufrido yo mismo en mis propias carnes. Esta mañana estaba yo tan feliz durmiendo en mi cama, soñando cosas porn… Soñando con angelitos con liras melodiosas y de repente unos martillazos golpearon mi sueño. “Yo juraría que anoche no bebí, así que no puede ser resaca“ El caso es que había un hombre o mujer o perro martilleando a la altura de la cabecera de mi cama pero dentro de su casa.

De un salto yo grité: “¡¡¡Me cago en la puta Bricomanía de los cojones y la madre que la parió!!!“ Cuando uno tiene sueño tiene menos sentido del humor…

Y para colmo, ¡todo eso a las 11 de la mañana! Si es que no hay respeto hoy en día por el sueño de los dormilones. Nada de respeto. Pero, la verdad, es que para los vecinos manitas que nosotros estemos o no durmiendo es algo que les sopla la gaita con una facilidad pasmosa. ¿Quién no ha sufrido nunca un domingo a un vecino manitas arreglando vete a saber qué a las 8 de la mañana? Que piensas: ¿Es necesario arreglar algo, lo que sea, a las 8 de la mañana y en domingo? Es más, ¿es necesario levantarte a las 8 de la mañana un domingo? Porque eso también tiene un gran misterio, es como esas personas mayores que cuando tú llegas de fiesta los ves paseando al perro, con una bolsa de churros en el brazo y el diario en la otra. Bueno, el diario, el dominical, el cd de regalo, el primer tomo de la enciclopedia Larousse, tres chapas de juguete, la primera pieza de ánforas griegas y el primer fascículo de leyendas del cine. Y oye, ¡sonríen felices! Pero ese es otro tema para otro día que no entra hoy.

Así que tenemos que los vecinos manitas se dedican a tocar los huevos masivamente al bloque entero cuando la gente lo que querría es estar durmiendo. No estamos hablando de las obras en el bloque, que es para otro tema, sino de los vecinos que por su cuenta y riesgo y sin ganar dinero a cambio se dedican a torpedear el sueño del vecindario o simplemente el bienestar que todo el mundo querría para sí. La culpa de todo esto lo tiene el programa, llamado Bricomanía. Este programa ha permitido que lo que antes se consideraba profesión, llámale carpintería, llámale albañilería, ahora es un hobby la mar de mono. ¡Con lo bien que estaban antes montando maquetitas que no hacían ruido! Nada, ahora a montar estanterías, armarios, barandas, asientos, reactores nucleares… En fin, de todo.

Lo que resulta curioso es ver el balcón del vecino manitas, que lo tiene a tope de herramientas que no sabías ni que existían. Hay alguno que tiene algo más de espacio e incluso se ha puesto una hormigonera. “Por lo que pueda pasar, si se cae una pared qué eh”. Pues si se cae una pared será probablemente porque ha dado más martillazos de la cuenta, que su mujer se va unos días al pueblo a ver a la madre y cuando vuelve se pierde dentro de su propio piso. “Es que el otro día me puse a cambiar paredes y oye, es un no parar, como comer pipas, empiezas y no acabas”. Y ala, toda la distribución de la casa cambiada para siempre.

Y es que esas personas son constructores compulsivos. Su infancia estuvo marcada siempre por el Tente y el Lego y desde entonces no han podido frenar esa necesidad imperiosa de fabricar cosas para su propia casa a todas horas.
En fin, que tener un vecino manitas es un sufrimiento para todo inquilino de un bloque de pisos y sobre todo para esas personas dormilonas que prefieren quedarse dormidas hasta las tantas que bajar a pasear al perro y a comprar el periódico a horas en las que aún no están puestas ni las calles. País…

Goyo Gonzalez

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