20 abril 2021

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Las Cosas de Goyo «Llevar a casa un amigo borracho»

Las Cosas de Goyo «Llevar a casa un amigo borracho»

Como bien dicen las encuestas, los jóvenes beben mucho cuando salen. Estas son las únicas encuestas que me creo aunque no me hayan preguntado. Sólo tienes que ver el ambiente de un bar por la noche y ver que lo que bebe la mayoría de la gente no son precisamente aguas con gases y vasolechescongalletas. Así que está claro que la juventud bebe, y mucho.

Tú llegas al bar, te tomas tus cubatitas, de lo que sea, aquí cada uno lo que entre, ya puede tomar un Licor43 con lima, que hay que tener huevos con lo dulce que está; o bien un Beefeater con naranja, o un Ron con Vodka. Qué sé yo. Cada uno la combinación que quiera. Entonces tú empiezas tu ruta hacia la meta deseada, hacía el súmum de la noche, a la utopía más inalcanzable. ¿A fornicar? ¡No! A ver si te has pensado que se sale para ligar, ¡no! A alcanzar, por fin… ¡El puntillo!

Ese lugar mítico cerebral que todo el mundo busca, pero solo unos ligeros afortunados logran alcanzar. Y esto es el puntillo. El puntillo es como alcanzar el nirvana para los budistas, es la llave hacia un lugar de sensaciones que no lograrás alcanzar de otra manera. Un cubata de más en el puntillo puede acabar con tu vida, un cubata de menos puede dejarte a las puertas del paraíso. Así que atento, o alcanzas el puntillo, o te puede esperar lo impredecible.

Y es que hay gente que se pasa del puntillo tres pueblos. Gente que dice: “Es que ayer me emborraché por mezclar”. ¡Mentira! Bueno, sí, mezclaste, pero es que te hartaste de mezclar, te bebes un cubata de ron y otro de ginebra y no te emborrachas así, ¡y mezclaste! Así que hay gente que obvia el puntillo, se bebe 8 cubatas de una sentada y luego no hay quien le aguante los pedos. Nunca mejor dicho.

Entonces, ese amigo tuyo que se ha pasado tres pueblos, empieza a balbucear y a no hablar. A decirte “te quiero” incomprensiblemente. A hablarte de lo “buen colega que eres” y a caerse al suelo repetidas veces. Hasta que en una de las caidas suelta un: “Me voy pa casa tío”. ¡Ojo! Porque siempre hay algún amigo mamón, que posiblemente va igual de borracho, o peor, pero lo ha aguantado bien, y dice: “¿Onde vaaasss? ¡Pero si acaba de empezar la noche! Vaya nenaza eres. ¡Vamos pa la discoteca!” Y tú piensas: “Está este como para ir a la discoteca… Y el otro también…”

Total, que tú, que llevabas también unos cubatas encima, casi apunto de llegar al nirvana, es decir, al puntillo, te toca llevar a tu amigo porque eres el que va mejor. Es como si llevaras un saco de patatas de 80 kilos. Mientras el otro va aguantando arcadas y balbuceando palabras ininteligibles, tú aguantas el tipo y dices: “Vaya noche, ahora que estaba apunto de pillar el puntillo…”

Entonces, a duras penas, llegáis a su casa, cuando has metido a tu amigo en la cama, te salta, chillando, a viva voz: “¡¡Tío!! ¡¡Eres un colega!!” Y se oye una voz de fondo: “¿Quién anda ahí?”. Es su padre, y le tienes que explicar que su hijo es un borracho. “¿Mi hijo? Si sólo bebe Fanta…”. Efectivamente, Fanta, pero mezclada con ginebra…

Así que ya sabéis. Sólo sabes que tienes un amigo de verdad, cuando te ha llevado a casa yendo tremendamente borracho y ha aguantado tus vomiteras por el camino.

Ese amigo… Es para toda la vida.

Goyo Gonzalez Mayo 2.017

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