Las Cosas de Goyo «Hay que estar moreno»

Las Cosas de Goyo «Hay que estar moreno»

Antiguamente estar moreno no estaba bien considerado. Los que estaban morenos era la gente del campo, que trabajaban de sol a sol y sudaban mucho. Los aristócratas y otros burgueses intentaban permanecer blancos y pulcros para que no les confundiesen con la plebe. Incluso algunas mujeres de alta alcurnia portaban un paraguas para que no les tocase el sol en su fina piel de porcelana.

Hoy en día no hay nadie que lleve un paraguas un día soleado. A no ser que seas una azafata de un piloto de Formula 1, claro. Hoy en día, en cuanto llega el verano, estar blanco es símbolo de dejadez, de enfermedad, de… Oh, de trabajador. Y estar moreno es de aristócratas, burgueses y amas de casa sin miedo al melanoma.

Ahora lo de estar moreno es lo que triunfa. Y como están llegando los días de buen tiempo las muchachadas van “huye que te alcanzo” a la playa a disfrutar de los primeros días de sol. Vale que ahora hay, desgraciadamente, mucho parado; pero… ¿A qué se dedica esa gente que en cuanto hace un grado más de temperatura ya están en la playa tomando el sol? ¿No hacen nada? Yo me los imagino en su casa mirando un termómetro colocado a tal efecto en la puerta de la casa, con las chancletas, la toalla de playa, el bronceador y el flotador de patito en la cintura y al ver el termómetro subir gritan: “¡Un, dos, tres, YA!” A la playa corriendo. Qué obsesión.

Claro que lo bueno que tiene esta gente que están obsesionados por ser morenos es que es una afición barata. Bueno, barata en verano. Porque en invierno deben de sufrir un trauma de proporciones siderales al ver su piel emblanquecer… Y se van a darse los rayos uva. Lo que tienen los rayos uva es que son muy caros. Por eso la gente que se lo permite son los ricachones o los nuevos ricos que van en pleno invierno con la piel que se les cae a cachos. Seguro que habéis visto alguna de esas mujeronas cuarentonas o cincuentonas vestidas como niñas de quince años y de color negruzco seco. Que no sabes si es que se están arreglando o se están preparando para hacer el anuncio de pasas de California. Esas son las que van a los rayos ultravioleta. O los tipos de gimnasio que después de tomarse batidos revitalizantes, anabolizantes; y después de colocarse la mancha de hinchar la pelota reglamentaria en los brazos, van y se meten en el tubito. ¿Para qué? ¿Para demostrar que son más guapos? No. Para demostrar que son la nueva élite. Hay que estar moreno para ser de la jet set.

De vuelta a la época veraniega, los obsesionados por estar morenos no tienen por qué ser gente que tiene dinero. En verano está moreno cualquiera, no es marca de la alta sociedad. Es la marca de la gente ociosa, que no tiene nada mejor que hacer. Imaginad que alguien os dice: “Ayer estuve tres horas tumbado en la cama sin hacer absolutamente nada, mirando al cielo y tocándome los cataplines a dos manos” ¿Qué dirías? Lo pondrías a caer de un burro, que si es un vago, un perro, un inútil de la vida… ¿Pero y si te dice…? “Ayer estuve tres horas tumbado en la playa sin hacer absolutamente nada, mirando al cielo y tocándome los cataplines a dos manos” Dirías que qué suertudo, vaya vidorra, yo también quiero… ¡Estar sin hacer nada en la playa está bien visto, pero en la cama de tu casa no! ¿Por qué? Porque te estás poniendo moreno, y eso mola y embellece.

Así pues, ya podemos encontrarnos con personas en la playa que a pesar de las recomendaciones de salud de las autoridades sanitarias, no se ponen bronceador. Te los encuentras ahí tumbados, al punto cual entrecots, humeantes y enrojecidos. Estar moreno en verano es poco más que una obligación, un deber. En verano, si estás blanco, la gente piensa que estás enfermo. ¡O peor! ¡Podrías estar trabajando!

Goyo Gonzalez. Agosto 2.017

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