Las Cosas de Goyo «El baño en la playa»

El momento de ir al agua es casi el más importante en el tiempo que estás en la playa. Eso sí, da palo. El momento de levantarse es duro, estás en un estado aplatanado, agotado sin saber por qué, sudando como un pollo asado, vuelta y vuelta; y rojo como una gamba. Necesitas ir al agua, pero cuesta, cuesta decidir que te has de levantar, ponerte en pie y hacer el camino hasta el agua, que no siempre está al lado.

Una vez has conseguido superar tu pereza, provocada, eso sí, por la playa; ya que la playa consigue que hasta la persona más hiperactiva se vuelva un vago de tres pares de cohones. Una vez superada, te vas al agua, y la llegada al agua se divide en distintas fases:

Fase cero: O pre-fase. Es la fase justo anterior a llegar al agua, yo tengo la manía de, al llegar al agua, me siento en la arena a escasos centímetros de donde frenan las olas. ¿Absurdo? Sí, pero una vez superada la pereza inicial es demasiado estrés tirarse al agua de golpe, hay que ir haciéndose a la idea poco a poco…

Fase uno: O fase de prueba. Esta es la fase más humillante para un hombre. Llegas tan tranquilo al agua, acercas un pie sigilosamente y rozas el agua que llega de la ola anterior… Y justo en ese momento notas en tu dedo gordo del pié lo que es el frío. Lo que es el frío de verdad, y chillas, chillas como un niño y te vuelves para atrás. “¡Joer que fría!” Y vuelves.

Fase dos: O fase de acercamiento. Esta fase consiste en, una vez acostumbrado al frío en los pies, de ir acercandose sigilosamente al agua, poquito a poco, poniendo cara de frío y de miedo. Como si te fueses a tirar de puenting, la verdad es que es un miedo un poco absurdo, pero la gente parece que tema el agua, y eso que no hay tiburones.

Fase tres: O fase de acostumbramiento. Es la fase en la que te vas mojando los brazos y la barriga para ir acostumbrándote a la temperatura del agua. Al más puro estilo de las madres que preparan a los bebés para el agua, una manera fácil de volver a la infancia.

Fase cuatro: O fase de peligro. Esta es la fase más peligrosa de todas, y la más ridícula. Te acercas al agua y esta alcanza la zona del bañador, zona de peligro. Y con los brazos levantados al estilo de un ave rapaz, en una postura ridícula vas acercandote más y cuando te alcanza una ola te estremeces para atrás notando el frío por los lugares más sensibles de tu cuerpo. Una vez superada esta fase ya lo tienes todo hecho, el agua está en el bote (¿o era al revés?)

Fase cinco: O fase de “al agua patos”. Una vez superada la fase cuatro ya está hecho todo así que sólo has de lanzarte al agua. Eso sí, con un poco de estilo, hundiéndote, tirandote de cabeza, saliendo a nadar… Pero nunca, nunca jamás, te cojas de la nariz y te hundas. ¿Hay algo más cursi que hundirse agarrándose la nariz?

De todas formas, a pesar de haber todas estas fases para lanzarse al agua, hay gente que nadamás decidirse a zambullirse, sale corriendo hacia el mar, desperdigando arena importándole lo más mínimo el mundo a su alrededor y se lanza de cabeza a lo bruto al agua. La verdad, es la manera más reconfortante de remojarte, una manera rápida de refrescarte todo ese calor que tienes encima. Eso sí, cuidado de no caer encima de una medusa, no suele ser muy divertido un roce de esos entrañables animalillos…

Goyo Gonzalez. Agosto 2.017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.