Las Cosas de Goyo «El dentista»

Las Cosas de Goyo «El dentista»

Qué doloroso, ¿verdad? Es mencionar la palabra dentista y lo primero que nos viene a la mente es el dolor. Y eso que ellos también disponen de drogas blandas para dormirnos la boca y dejárnosla bien pastosa.

El padre de un amigo mío un señor de mediana edad, con barba y gafas fue un día al dentista y se ve que después de ponerle la anestesia le dijo el doctor: “¿Qué? ¿Cómo va la economía? ¿Vamos a salir de la crisis?” Y el hombre empezó a hablar como buenamente pudo: “Pshsfh vafhph dshe aqueshsda mahfhgnera y…” Y el dentista se descojonaba con la boca dormida del hombre: “¡Mirad! ¡Igualito que Rajoy! ¡Os lo dije!”

Tienen su chispa los dentistas, les gusta el humor. Porque saben que tienen el poder, que vamos allí con miedo a sufrir dolores espantosos e insoportables. Hay gente que es incapaz de ir al dentista por esos miedos y los psicólogos le han puesto un nombre y todo: odontofobia. Tienen miedo a salir mellados de allí, como si los odontólogos sacaran las muelas por gusto. Excepto el mio que le gustaba que le llamaran Ratoncito. Ibas a hacerte una higiene y salías como el cuñao.

Pero en general los dentistas son afables y buena gente. Además hay nueve de cada diez que recomiendan los chicles sin azúcar; por una oveja negra no vamos a condenarlos. Yo una vez fui a un dentista que tenía caramelos en el mostrador. Con azúcar. De los que se enganchaban a los dientes. Parece que no tenían suficiente clientela.

Así que sus clientes y bueno, en general todo el mundo una vez al año van a hacerse higienes bucales. A todos les hacen lo mismo: les ponen su baberito y luego un tubo aspirador que se llevará todas tus babas hacia no se sabe donde. ¿Dónde van las babas de nuestras higienes bucales? ¿Las reciclan? ¿Pueden ser equivalentes a la baba de caracol para el cutis? ¿Qué pasaría si por un casual ese tubo sufriera una inversión y de repente volvier hacia nosotros… NO. Mejor no pensarlo.

Y después nos cincelan. Usan unos aparatos metálicos que se dedican a rascar nuestros dientes y encías hasta que sangran a muerte. Hasta tal punto que en vez de ir al dentista crees que te han metido en la matanza del cerdo. Sangre y ruidos desagradables. La odontofobia está creciendo en vosotros, lo sé. Pero para mí lo mejor de todo esto es que mientras te están removiendo los dientes… ¡Te dan conversación!

“Oye, pues como te iba contando, ¿tú eres de por aquí cerca?”
“Bfffsfhg”
“Ah, ya. No eres de por aquí, ya me parecía que no te tenía visto. ¿Y de donde eres?”
“Fsafslñuggurffhfsdfdh”
“Vaya, de la Higuerita. Qué guay. ¿Y es bonita aquella zona?”
“Buffsfsfdfdsfgh sput sput” levantas la mano en señal de aviso por ahogamiento.
“Qué envidia, yo este verano quiero ir a la playa también”
Mientras tanto tú luchas por no ahogarte entre babas de caracol y el chorro de agua que suelta el cincel. Son alucinantes.

Eso sí, donde son más chistosos los odontólogos es cuando llega la hora de la dolorosa. Más de uno se ha girado tras ver el coste de alguna intervención para comprobar si había alguna cámara oculta por algún lado y estaban gastándole una broma. Sobre todo el padre de mi amigo, después de sufrir chistes a costa de su barba y su anestesia tenía que pagar un dineral. Que da mucho por saco.

Goyo Gonzalez Junio 2.017

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